Por cierto, esto es la playa de Carrapateira (foto de Claudio… hace unos años…), no está mal, verdad?? Lo que no sé es si yo estaré así como en la foto después de caminar cuatro horas por esos parajes dejados de la mano de Dios y esas supuestas cuestas … igual ni llego a la playa, si hay que andar dos kilómetros más por la tarde, pero quiero, sí, oye, quiero volver a ver esta playa…
SC 5 (2): Salema - Cabo de São Vicente
TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DEL ALGARVE, QUINTA Y ÚLTIMA PARTE (y II).
Los últimos dos días de mi travesía del Algarve.
Después de beber, comer, dormir, salgo tempranísimo de mi hotel en Salema, para evitar inútiles luchas contra el calor (pa eso me quedo en Sevilla).
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También hoy hay una confabulación de cuestas y la salida del pueblo no es fácil, pero todo se consigue con un poco de piernas y un poco de paciencia.
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Un día nublado y unas buenas superficies hacen que todo sea fácil, rayando en lo aburrido.
Pero contra el aburrimiento, la música. Contra las agujetas, la música. El iPod es un anestésico natural. Tengo agujetas desde los tobillos hasta las caderas, así que eso es justo lo que necesito. Cuando paso por tramos despoblados, canto a grito pelado: rock, disco, trance, árabe, años ochenta. (Los tramos estaban despoblados ya, no se despoblaron al pasar yo con mis cantos).
Aparece Vila do Bispo.
No se puede cruzar el Algarve a pie y comer un helado al mismo tiempo. No me preguntes por qué, pero no se puede.
Los últimos kilómetros antes de llegar a Sagres son todo lo aburridos que me había figurado, pero son más verdes. Me había imaginado unas tierras rojas y peladas, con peligrosos barrancos y precipicios por todas partes, un poco como caminar por la luna pero con mejor luz.
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Es mucho más aburrido que caminar por la luna.
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Pero tiene mejores playas.
Un poco cansada y ligeramente obsesionada con un autobús que va a salir dentro de nada, el único de la mañana, sigo y sigo y sigo y finalmente entre ráfagas de viento que me empujan hacia el fin del mundo avisto el Cabo de São Vicente. Pero por mucho que camino el maldito Cabo no llega, se queda donde está, no crece, no mengua (al menos), se me resiste. Además la carretera es un horror, no lo parece pero lo es, cada vez que pasa un coche hay que apartarse y caminar por un lecho de piedras puntiagudas que generosamente ha colocado la Cámara Municipal para divertir a los caminantes y hacerles sentir vivos.
O yo qué sé. Pero nada se acerca a mí, sólo las piedras. Por fin sí, un poco.
El Cabo de São Vicente me parece el sitio más feo y más aburrido del mundo, y encima está todo lleno de turistas. ¿Qué es eso que veo? Un rulot que vende perritos calientes con lo que parece ser un plátano gigantesco pegado al techo? Ya estoy más cerca… cuando finalmente llego me quedan 8 minutos antes de que salga el autobús. Tengo los teléfonos de todos los taxis de Sagres en el bolsillo, pero no quiero coger un taxi. Detesto los taxis. Y por supuesto que no voy a volver andando. Quiero coger ese autobús.
Pero Dios mío, estoy aquí, he llegado al Cabo de São Vicente.
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Es el fin de la travesía. Acalorada, exhausta y con una pinta horrorosa, fotografiándome desde todos los ángulos para dejar constancia de este gran momento (alguna servirá), con un ojo en el autobús para que no se vaya sin mí, he llegado a mi destino.
Sí, he conseguido cruzar el Algarve a pie, por carreteras, caminos y playas, saltando vallas, cruzando aeropuertos, huyendo de perros furiosos, sonriendo, cantando, jadeando con el calor, bailoteando con el iPod, perdiéndome, comiendo asquerosas barritas integrales y tomando Sumoles de ananás (y muchas cervezas), con dolor y con agujetas, con ilusión, con alegría, eso, con alegría, todo para llegar a este momento que francamente es un poco decepcionante.
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El conductor del autobús es un hombre malhumorado que no ve con buenos ojos el hecho de que yo tenga que seguir haciéndome fotos con un pie en las escaleras de su autobús porque se supone que esto es un momento apoteósico en mi vida,
y nada, las últimas fotos de la travesía, ya están hechas, el autobús está calentando motores, y la cerveza me la tomaré en Sagres. Bastante apropiado si lo piensas. Adiós Cabo de São Vicente, adiós caminata, adiós travesía maravillosa, el centro de mi vida durante los últimos meses y una de las mejores cosas que he hecho en mi vida,
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adiós, adiós, adiós, he llegado, y ya me voy…
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… a Sagres, otra ciudad llena de hippies, donde me siento en una terraza con el sol y el viento a tomarme una buena cerveza y en una palabra me siento aturdida, sí, aturdida es como me siento. Aturdida y un poco vacía.
“Tengo los pelos locos,” apunto en mi diario, “la cara cansada, una pinta que vaya vaya y casi no me puedo mover por las agujetas, pero lo he conseguido. Pues sí.”
Pues sí.
Gracias a todos los que os habéis interesado por mi travesía y que me habéis acompañado invisiblemente, paso por paso. Gracias a todos los que estas locuras os parecen una buena idea. Gracias a todos los que habéis leído estos posts, y si algún día tenéis la idea de hacer algo parecido, estaré con vosotros, invisiblemente. Sólo tenéis que ponerme un e-mail y os ayudo con lo que sea.
Ahora para rematar este verano y cambiar un poco de idioma me voy 6 días a Italia, al Veneto. Voy a caminar, pero si no camino y me da por hacer otra cosa no pasa nada: no es una travesía formal. El Veneto es más que Venecia, y no voy a Venecia, voy a Chioggia, Pellestrina (maravillosa larguísima y finísima isla), Cavallino, Jesolo, Caposile, Portegrandi… Ya os contaré.
SC 5 (1): Lagos - Salema
TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DEL ALGARVE, QUINTA PARTE (I).
La aventura sigue. La habíamos dejado en Lagos… y en Lagos seguimos. Día de cielo azul y tranquilidad absoluta, y salgo a primera hora de la mañana, destino Praia da Luz, Burgau y Salema. Tres inofensivos tramos de 5 kilómetros cada uno. Con un poco de variedad para hacer que el día sea más interesante: el primer tramo es un caminito que va bordeando el acantilado, el segundo es una pequeña carretera y el tercero es mezcla de carretera, acantilado y playa. Qué sencillo parece sobre el papel…
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Pues nada, a por ello… salgo llena de energía en dirección a los acantilados para coger el caminito que lleva a Praia da Luz. Me lo había imaginado como lo más sencillo del mundo, pero no había caído en una cosa: que para caminar por un acantilado, primero tienes que subir a un acantilado. Y en términos urbanos el acantilado es como un bloque de doce pisos (sin ascensor, claro). Pues nada, allá vamos. Primera prueba superada, y aquí estoy en lo alto del acantilado con mis 5 kilómetros de caminito por delante, qué bonito. Y cómo pega el sol, ya a las 9 de la mañana…
Pero el caminito es maravilloso, ¿verdad? Pues nada, a caminar, que para eso está el camino…
Uy, ¡qué pisadas más grandes! Creo que antes que yo ha pasado por aquí un dinosaurio.
Para que veáis que yo también hago la caminata y no sólo mi sombra, aquí estoy con la ciudad de Lagos (y sus hippies) al fondo.
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Subiendo y bajando, lidiando con el calor porque no hay ni una pizca de sombra, avanzo y avanzo. Los únicos seres con los que me encuentro (quitando al dinosaurio, claro, y las moscas, que no cuentan) son un enorme conejo gris que se me cruza por delante, un tío bueno haciendo footing (para descansar con él a la sombra de algún árbol, pero es que no había ni sombra ni árboles así que nada, “bom dia” y ya está), y una pareja mayor en chándal.
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Después de una hora, llego al final del caminito. Y me encuentro con una cuesta casi en vertical para bajar al pueblo, una especie de tobogán lleno de piedras. Miro y remiro, ¿no habrá otro sitio por donde bajar? Este camino lo descubrí en una guía turística, que manda a la gente a subir por aquí y seguir el bonito camino a Lagos… “a Lagos”, claro. No “desde Lagos”. O sea que la guía te manda a hacer este camino, pero siempre al revés, de Luz a Lagos. No de Lagos a Luz, y no intentando bajar por aquí. ¿Por qué siempre lo hago todo al revés? Con el vestidito que yo llevo es totalmente impracticable, pero nada, hago de culo corazón y bajo por la talud sobre el trasero, agarrándome a los arbustos. Y pensando una cosa: que el tío bueno haya subido por aquí, vale, pero ¿cómo diablos ha subido la pareja mayor?
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Pues ea, lo he conseguido, e estou na Praia da Luz, con todos sus turistas y sus puestos de hamburguesas y helados y sombreros horteras para protegerte de este calor de muerte. Pero contra todas mis expectativas, Praia da Luz me gusta, me encanta, tiene justamente eso – luz – y mucha alegría y mucho color.
Me tomo un Sumol en un bar y sigo hacia Burgau.
Otros cinco kilómetros. Fácil y agradable. Y dentro de otra hora ya estoy en Burgau, por donde paso como un rayo.
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El tercer tramo, de Burgau a Salema, desgraciadamente es otra cosa… Al principio bien, carretera y más carretera, y hay un fuerte abandonado la mar de bonito, aunque los acantilados son altísimos y no puedo tomar un atajo aquí bajando a la playa y luego subiendo por un camino, que era el Plan A que tenía, así que paso al Plan B (carretera y más carretera).
Y resulta que hay un pequeño problema con la carretera y más carretera, porque es como una montaña rusa, que no es lo más oportuno cuando llevas toda la mañana andando y ya estás cansada y hace un calor de justicia y te estás quedando sin agua, pero bueno, sólo veo una posibilidad: tó palante. He elegido el camino más largo porque por lo menos es seguro: hay otro posible camino más corto bajando a otra playa al pie de los acantilados y luego subiendo más directamente pero no me atrevo: ¿y si no puedo bajar? ¿y si luego no puedo subir? Ya tengo experiencia en estas cosas. Además escaneándolo todo desde arriba a vista de pájaro (sediento), no hay ningún sitio donde me puedan vender una botella de agua. Si fuera así, bajaría, pero tal y como está, no me atrevo. Carretera y más carretera. Será más largo pero al menos sé por dónde voy.
Aunque hay una cosa en mi campo de visión que no me gusta nada: esa cuesta que veis a la izquierda de la fotografía. La tengo que subir…
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Pero bueno, acabo de bajar por la que veis a la izquierda de esta fotografía… es todo una montaña rusa… Con veinte grados de pendiente y treinta y algo de calor, subo la diabólica cuesta encorvada con la bolsa sobre la espalda y mirando fijamente una raya blanca en el suelo, entre chorreones de sudor. Si levanto los ojos para ver mis progresos me mareo así que tengo que dejar de hacerlo. No puedo descansar más de unos segundos seguidos porque no hay sombra y si me quedo parada me quedaría frita, o más bien cocida, cocinada, y no llegaría, así que sigo de esa forma tan penosa hasta finalmente llegar arriba del todo, donde me desplomo debajo del primer árbol que encuentro
y me da igual que los conductores me vean las bragas (y el papel que tengo en la nariz para no quemármela...). Me tomo el penúltimo trago de agua que me queda (no el último, porque psicológicamente sería muy malo quedarme sin agua), y ya en terreno llano – que es otra cosa totalmente – cubro el kilómetro y pico que me queda hasta el pueblo, donde lo primero que hago es meterme en un bar a beber lo que sea, y luego en mi hotel, justo en la playa…
Por la tarde descubro que es infinitamente preferible estar sentada en la playa de Salema rodeada de periódicos y botellas de agua que debajo del único árbol que hay en la carretera, sin agua y después de subir esa terrible cuesta.
Estoy ya a unos 25 kilómetros de mi destino final. Continuará…
SC 4 (III): Mexhiloeira Grande - Lagos
TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DEL ALGARVE, CUARTA PARTE (y III). .
Bueno, creo que lo habíamos dejado en donde yo estaba tomando el sol en la piscina de un lujoso hotel, perseguida por un grupo de diabólicas torres de doce plantas, que menos mal que no corren muy de prisa…
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… así que la mañana siguiente allá voy: salgo de mi guarida de lujo y me pongo en el camino de nuevo. Pero primero tengo que ir a donde acabé ayer: a Mexilhoeira Grande. Y a ver cómo voy desde aquí, calculo que tengo que coger como mínimo 2 autobuses, probablemente 3, no encuentro los horarios en ninguna parte y los recepcionistas del hotel de lujo se inventan barbaridades para salir del paso cuando pregunto por ese tipo de transporte, los que se quedan en este hotel nunca se mueven en autobús (y a pie menos, sospecho, o sólo hasta la piscina).
Me quedo indecisa en el parking del hotel, no sé a qué parada ir, no sé si coger un autobús que vaya en una dirección o en otra, si cambiar en el Penina Golf o en el lejano Portimão…lo único que sé es que debería de pasar alguno cada media hora… Hay algo en mí que se niega a coger un taxi. Empiezo a andar hacia Alvor esperando que pase algún autobús en cualquier dirección cuando yo esté justo al lado de una parada, cosa improbable pero no imposible...
. Un buen momento para que aparezca un ángel de la guarda, ¿no os parece? Y efectivamente ¡aparece uno! No, no el vendedor de chorizos, sino un conductor de autobús simpatiquísimo que por milagro me hace caso cuando le hago una no muy decidida señal entre paradas, que va en dirección al Penina Golf y que sabe .
perfectamente qué otros autobuses pasan que me llevarán a donde quiero ir y que me deposita en el punto exacto donde va a pasar el otro autobús y que grita ¡COORRRREEE! al verlo aparecer, y que hace señas al colega para que pare y me recoja… y hago el sprint… y total, que en menos de veinte minutos después de salir del hotel ya estoy en Mexilhoeira Grande y caminando por un bosque de palmeras (en macetas de hormigón) y toda esa zona es tan bonita y la caminata es tan fácil y agradable que sé que va a ser un buen día.
En la zona entre Mexilhoeira y Odiáxere me acompañan cardos y otras plantas punzantes. En esta zona, todas las plantas tienen pinchos, y vas entre ellas pero ninguna te llega a pinchar.
Pues eso, un buen día.
Cuando llego al pueblo de Odiáxere me llama la atención una casa en ruinas que hay al otro lado de la carretera. Voy a investigar….
Meto la cabeza por la ventana para ver y sentir y respirar la casita en ruinas y veo que hay unos papeles justo en la ventana, ordenados y cogidos de un clavo en la pared… ¿qué papeles son estos?
Y resulta que son los recibos del alquiler, del teléfono y de la luz, todos colgados tan ordenadamente en su clavo y al mirarlos más de cerca veo que son de principios de los años setenta. El más reciente es de 1973, el más antiguo, de 1971. Y allí están, en esa ventana. Increíble.
Hay muchos. Me llevo una pequeñísima parte. No quiero robar el patrimonio del pueblo – porque eso es lo que es – pero allí están… y llevan casi 40 años allí. Pero ¿cuánto tiempo llevarán así expuestos a los elementos? Es un bucle en el tiempo y no puedo resistir el sentirlos en mis manos, leerlos, acariciarlos, con mucho cuidado… ¿y cuánto tiempo durarán ahora, si nadie los coge? ¿Los cogerá alguien? ¿Los apreciará tanto como yo? Espero que sí… . Pienso que debía de haber una ventana allí antes, una contraventana, quizás (porque no hay cristales rotos alrededor), que se haya caído o que hayan quitado hace muy poco tiempo, dejando este pequeño tesoro al aire. Qué bonito hallazgo. Qué bonita experiencia.
Y sigo caminando. Unos kilómetros más allá me siento un rato en una parada de autobús para descansar y echarme mis cremas (ya sabes, crema de sol en la nariz, flogobuprofén en la pierna, todo muy impresentable pero total, nadie te va a ver, ¿verdad?) ¿Verdad? ¿No? ¿Pero qué es esto?, se para un coche… ¡Y es el vendedor de chorizos! ¡Sí! !El mismo! ¡Qué casualidad! . Y sonriéndome por todas las cosas que han pasado hoy, finalmente llego a Lagos (que estaba cerca ya), ciudad extraña, ciudad llena de hippies y de gaviotas, ciudad de personas rubias, ciudad ruidosa, ciudad mochilera, ciudad con unas esculturas callejeras horribles, impeorables, cuidad que no me gustó mucho, pues no, pero…
...ya está completada la cuarta etapa, y ahora sólo me queda el último trozo, de Lagos al Cabo de Sao Vicente, que voy a hacer a principios de agosto. Mientras tanto estoy intentando descansar y no andar por toda la ciudad persiguiendo cervezas, jodiéndome la pierna en el camino, que es lo que suele pasar, lo estoy intentando y espero tener el cuerpo en plena forma para esas fechas, y no sólo el codo. . Antes de irme postearé alguna cosita en Antiarrugas, alguna anecdotilla, y quizás esas esculturas impeorables de Lagos, hmmm, no sé… . ¡Hasta pronto!
SC 4 (II): Alvor (Torralta) - Mexilhoeira Grande
TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DEL ALGARVE, CUARTA PARTE (II).
¿Dónde estábamos? Torralta, Alvor, Algarve. Yo, a pie, cruzándolo todo.
El Dom João II. El hotel donde hace más de 20 años trabajé como una especie de gladiadora contra turistas cabreados. Me acerco al hotel por la playa… allí está… ¿cómo estará después de todo este tiempo? Sé que lo acaban de reformar… son las 10 de la mañana…. hay una terraza grande con vistas al mar, llena de gente, ¿qué hacen? Ah, están desayunando, entran, salen, cogen su bandeja con su desayuno y vienen a sentarse aquí fuera para tomárselo.
Y yo, como una flecha, entro por donde ellos salen. Me encuentro en el ¿restaurante? ¿Es esto el restaurante? ¿El sitio donde cenaba todas las noches abrumada de cansancio y mala leche y con el uniforme de la Thomson Holidays puesto? ¿El restaurante donde poco a poco me fui enamorando del camarero? Está totalmente irreconocible, lo único que puede tener algo que ver es la ventana, el resto es una maraña de platos y turistas y luz, diafanía y pintura blanca, pero yo lo conocí (oh Dios) así:
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y ahora no está así, me siento desorientada pero a la vez emocionada y feliz, cruzo la sala de desayunos a gran velocidad y me hago esta foto.
Desemboco en la recepción, que tampoco tiene nada que ver con como yo la recordaba, es triste pero no queda nada de aquello, ni las moquetas, ni los sofás, ni los recepcionistas de aquel entonces, ni el camarero por supuesto (mejor así). Sólo quedan las vistas al mar (y las del aparcamiento) y las diez torres malignas en el horizonte, pues nada,
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¡Adiós, torres malignas! .
Quizás (por pura perversión nostálgica) pase una noche en alguna de ellas alguna vez, para saber qué se siente. Es curioso como los malos recuerdos te pueden hacer sentir tan feliz a veces. Una extraña historia de amor….
Pues nada, a la carretera otra vez, a Alvor, que en teoría es muy fácil porque me sé el camino, pues no, no es tan fácil, me pierdo estrepitosamente otra vez. Aún así consigo llegar, Alvor, hago la parada del Sumol y pienso, ¿me desvío y voy al hotel que tengo reservado (peaso de hotel, por cierto) y descanso y dejo la mitad de las cosas? Noooo… me echo un poco de gel para anestesiar la pierna y sigo… y sigo… y sigo…. .
es que no puedo parar. Me encanta caminar…….. .
….. y te encuentras con unas escenas y unas cosas y unas personas y unos ¿animales? que no puedes resistirte a hacerles una foto (el burro de cartón piedra tenía ruedas y la chica lo llevaba justo como un burro verdadero…) .
Entre Montes de Alvor y el aeródromo me encuentro con el trecho más difícil que he tenido que recorrer de momento, en el sentido exprime-peatones, os quiero decir. Esto de la foto (hay que ir por la izquierda) duraba como unos tres kilómetros y era bien estresante, a pesar del paisaje tan bonito y mi felicidad personal: cada vez que venía un coche o te tirabas a las aguas fétidas del alcantarillado de al lado o te aplastabas contra el muro, según el tramo, y en un momento de cero visibilidad para el coche que venía una vez tuve que lanzarme a la desesperada al otro lado de la calle, menos mal que no venía ningún coche en ese momento… .
Pero nada dura para siempre en este tipo de viaje y en seguida he podido colarme por la valla y entrar en la zona del Hotel Penina (el Penina Golf lo llamaban en mis tiempos), zona de ricos privilegiados, de chalets-palacio impresionantes con nombres irlandeses y campos de golf y donde no te atropella nunca ningún coche, eso es para los pobres... . Y allí, en ese momento, no sé ni hasta donde voy a llegar hoy. Todo depende de mis piernas. ¿Al Penina Golf? Noooo… sigo. ¿Al pueblo de Figueira? Nooooo…. estoy a punto de pararme, pero sigo. ¿A Mexilhoeira Grande? Síiiiiiiii, aquí, .
en este pueblo lleno de extrañas formas de transporte, .
y me paro en Mexilhoeira Grande para comer y buscar un autobús que me lleve a alguna parte desde donde pueda acercarme a mi hotel en Alvor, que he dejado lejísimos ya…. .
Pues nada. Almuerzo en este oscurísimo bar-restaurante, donde acribillo a preguntas a todo el mundo sobre dónde paran los autobuses y adónde van (aún teniendo todos los horarios en el bolsillo, jeje), pero al final la simpática camarera me indica un simpático representante de algo que ha venido al bar, ¡él me llevará a Alvor directamente!, ah, pues vale…
Y este señor, que resulta ser vendedor de chorizos y salchichas (y que no se cansa de enseñarme folletos de chorizos en vez de concentrarse en lo que debe estar haciendo, o sea conduciendo, porque venga a sacar folletos de morcillas y venga a sacar folletos de salchichones…), la suerte está de nuestro lado y no tenemos ningún accidente…. me lleva no muy directamente a Alvor, parando en un bar en las afueras de Portimão (creo) a tomar una cerveza (y de paso vender unos chorizos) (y contarme la historia de su vida) y finalmente a mi peaso hotel, yo rechazando invitaciones a cenar, desde luego no me sobran energías (ni ganas), sólo quiero descansaaar…... .
. …cosa que finalmente consigo hacer en el Luna Alvor Village, lujosísimos apartamentos que estaban de oferta, aunque ¿qué es esto?, al bajar a tomar el sol en la piscina me encuentro con las diez torres diabólicas de Torralta otra vez, .
Lagoa - Portimão - Praia da Rocha / Praia da Rocha - Torralta Mexilhoeira Grande - Lagos . Posts más antiguos sobre la travesía aquí. . Y aquí. . Y aquí. . Y aquí.