SC 4 (II): Alvor (Torralta) - Mexilhoeira Grande
TRAVESÍA SUPERCONJUNTADA DEL ALGARVE, CUARTA PARTE (II).
¿Dónde estábamos? Torralta, Alvor, Algarve. Yo, a pie, cruzándolo todo.
El Dom João II. El hotel donde hace más de 20 años trabajé como una especie de gladiadora contra turistas cabreados. Me acerco al hotel por la playa… allí está… ¿cómo estará después de todo este tiempo? Sé que lo acaban de reformar… son las 10 de la mañana…. hay una terraza grande con vistas al mar, llena de gente, ¿qué hacen? Ah, están desayunando, entran, salen, cogen su bandeja con su desayuno y vienen a sentarse aquí fuera para tomárselo.
Y yo, como una flecha, entro por donde ellos salen. Me encuentro en el ¿restaurante? ¿Es esto el restaurante? ¿El sitio donde cenaba todas las noches abrumada de cansancio y mala leche y con el uniforme de la Thomson Holidays puesto? ¿El restaurante donde poco a poco me fui enamorando del camarero? Está totalmente irreconocible, lo único que puede tener algo que ver es la ventana, el resto es una maraña de platos y turistas y luz, diafanía y pintura blanca, pero yo lo conocí (oh Dios) así:
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y ahora no está así, me siento desorientada pero a la vez emocionada y feliz, cruzo la sala de desayunos a gran velocidad y me hago esta foto.
Desemboco en la recepción, que tampoco tiene nada que ver con como yo la recordaba, es triste pero no queda nada de aquello, ni las moquetas, ni los sofás, ni los recepcionistas de aquel entonces, ni el camarero por supuesto (mejor así). Sólo quedan las vistas al mar (y las del aparcamiento) y las diez torres malignas en el horizonte, pues nada,
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¡Adiós, torres malignas! .
Quizás (por pura perversión nostálgica) pase una noche en alguna de ellas alguna vez, para saber qué se siente. Es curioso como los malos recuerdos te pueden hacer sentir tan feliz a veces. Una extraña historia de amor….
Pues nada, a la carretera otra vez, a Alvor, que en teoría es muy fácil porque me sé el camino, pues no, no es tan fácil, me pierdo estrepitosamente otra vez. Aún así consigo llegar, Alvor, hago la parada del Sumol y pienso, ¿me desvío y voy al hotel que tengo reservado (peaso de hotel, por cierto) y descanso y dejo la mitad de las cosas? Noooo… me echo un poco de gel para anestesiar la pierna y sigo… y sigo… y sigo…. .
es que no puedo parar. Me encanta caminar…….. .
….. y te encuentras con unas escenas y unas cosas y unas personas y unos ¿animales? que no puedes resistirte a hacerles una foto (el burro de cartón piedra tenía ruedas y la chica lo llevaba justo como un burro verdadero…) .
Entre Montes de Alvor y el aeródromo me encuentro con el trecho más difícil que he tenido que recorrer de momento, en el sentido exprime-peatones, os quiero decir. Esto de la foto (hay que ir por la izquierda) duraba como unos tres kilómetros y era bien estresante, a pesar del paisaje tan bonito y mi felicidad personal: cada vez que venía un coche o te tirabas a las aguas fétidas del alcantarillado de al lado o te aplastabas contra el muro, según el tramo, y en un momento de cero visibilidad para el coche que venía una vez tuve que lanzarme a la desesperada al otro lado de la calle, menos mal que no venía ningún coche en ese momento… .
Pero nada dura para siempre en este tipo de viaje y en seguida he podido colarme por la valla y entrar en la zona del Hotel Penina (el Penina Golf lo llamaban en mis tiempos), zona de ricos privilegiados, de chalets-palacio impresionantes con nombres irlandeses y campos de golf y donde no te atropella nunca ningún coche, eso es para los pobres... . Y allí, en ese momento, no sé ni hasta donde voy a llegar hoy. Todo depende de mis piernas. ¿Al Penina Golf? Noooo… sigo. ¿Al pueblo de Figueira? Nooooo…. estoy a punto de pararme, pero sigo. ¿A Mexilhoeira Grande? Síiiiiiiii, aquí, .
en este pueblo lleno de extrañas formas de transporte, .
y me paro en Mexilhoeira Grande para comer y buscar un autobús que me lleve a alguna parte desde donde pueda acercarme a mi hotel en Alvor, que he dejado lejísimos ya…. .
Pues nada. Almuerzo en este oscurísimo bar-restaurante, donde acribillo a preguntas a todo el mundo sobre dónde paran los autobuses y adónde van (aún teniendo todos los horarios en el bolsillo, jeje), pero al final la simpática camarera me indica un simpático representante de algo que ha venido al bar, ¡él me llevará a Alvor directamente!, ah, pues vale…
Y este señor, que resulta ser vendedor de chorizos y salchichas (y que no se cansa de enseñarme folletos de chorizos en vez de concentrarse en lo que debe estar haciendo, o sea conduciendo, porque venga a sacar folletos de morcillas y venga a sacar folletos de salchichones…), la suerte está de nuestro lado y no tenemos ningún accidente…. me lleva no muy directamente a Alvor, parando en un bar en las afueras de Portimão (creo) a tomar una cerveza (y de paso vender unos chorizos) (y contarme la historia de su vida) y finalmente a mi peaso hotel, yo rechazando invitaciones a cenar, desde luego no me sobran energías (ni ganas), sólo quiero descansaaar…... .
. …cosa que finalmente consigo hacer en el Luna Alvor Village, lujosísimos apartamentos que estaban de oferta, aunque ¿qué es esto?, al bajar a tomar el sol en la piscina me encuentro con las diez torres diabólicas de Torralta otra vez, .
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