Siempre hay que concentrarse en lo bueno, aunque te pases. Siempre hay que sonreír. Porque sonreír demasiado duele, pero no tanto como llorar demasiado.
Para mí el aspecto más representativo de la semana santa, pasada en tu ciudad o fuera de ella, es andar con una servilleta y una cáscara de gamba pegadas a cada zapato.
Tengo un problema, y creo que entre otras cosas y otros problemas es lo que me ha colocado donde estoy hoy, o sea, en esta mierda.
Lo que yo hago (hace algún tiempo que di con la forma de explicarlo), y lo que he hecho desde siempre, desde muy pequeña, es que cuando toda la gente va por un lado, a un sitio, yo voy por el otro lado a otro sitio, porque es que no lo puedo evitar, es más fuerte que yo.
Y ahora he dado con otra imagen de lo que hago. En la vida hay posibilidades, cosas que puedes hacer. Son como puertas por las que puedes pasar. Y detrás de esas puertas hay cosas que ya existen, cosas normales, cosas que hace la gente en la vida. Y yo estoy de cara a una pared y veo que tengo una puerta a mi derecha y otra puerta a mi izquierda. Y tengo una idea de lo que quiero hacer, y no es lo que hay ni detrás de la puerta A, ni detrás de la puerta B. Entonces en vez de decantar por la puerta A o la puerta B, que sería lo normal, lo que yo hago es embestir con la cabeza hasta hacer un agujero en la pared por donde me puedo meter, y por ahí me meto, y consigo lo que quiero.
Con el consiguiente desgaste craneal, claro está.
Y con la consiguiente soledad también, porque todos los demás están en las habitaciones detrás de las puertas y yo estoy sola en un hueco rodeada de ladrillos rotos.
Salí a la terraza pasándome la mano por el pelo, y arranqué sin querer una bolita de pelos que fueron volando a la calle. Vi los pelos bajar y bajar, bajaron flotando cinco pisos hasta la calle, y uiii, casi casi aterrizaron en la cabeza de un calvo que pasaba. .
El otro día yo iba por la avenida que bordea el río, andando muy de prisa como siempre (cuando camino hago casi marcha atlética). Pero se me adelanta uno que va todavía más de prisa. Debe de tener unos años menos que yo, pero no es un chavalito. Está haciendo footing y lleva camiseta de tirantes y pantalón corto. A la vista de sus piernas pienso que está buenorro y me gustaría verle la cara, pero .... aunque yo voy rápido, él va mucho más rápido todavía, y como no pienso pegar un sprint (por constreñimientos sociales más que por incapacidad física), pues no le alcanzo y no le veo la cara y no descubro ni qué edad tiene ni si me gusta realmente.
Metáfora de la vida nº 2:
El otro día iba por el Puente de Triana. Miro hacia abajo y veo que viene un piragua con varios chicos dentro, haciendo remo deportivo. Los remeros veintiañeros son guapos y fuertes pero están apiñados como borriquitos y trabajan como galeotes. Y hay uno solo de mi edad, está sentado de frente a ellos, muy a gusto, sin remar ni nada y dando órdenes. Uno dos, uno dos, uno dos ... pasan por debajo del puente ... y vaya calva que tiene. .
¿Por qué, con todo el espacio que hay en este planeta, hay personas que tienen que dormir 8 en una habitación?
¿Por qué con tantísima gente en el mundo hay personas que están solas?
¿Por qué algunos trabajadores tardan un año en ganar lo que otros ganan en un solo día?
Y, más cerca de casa, ¿por qué algunas personas apenas pueden tener el dinero para comprar un piso donde vivir, y otros compran diez pisos o veinte, no para vivir en ellos sino para venderlos por mucho más dinero a las personas que apenas pueden comprarlos?
No, en un sueño, no en la realidad, en un sueño anoche. Pasé un año en la cárcel, y fue una experiencia bien aburrida y gris, pero como yo era prácticamente la única mujer entre tantos hombres, ciertas cosas no me faltaban. Besos, fundementalmente, besos no me faltaban, nunca. Era mi último día en la cárcel y estaba bajando una escalera roñosa y triste acompañada por un preso que me besaba, uno alto, rubio, muy macarra, no me gustaba, era mi último rollo de la cárcel, la cárcel se había acabado. Y luego me iba ya para casa en el autobús con Mari Paz, que también había estado en la cárcel conmigo, aunque en otra ala, y comentábamos estas cosas.
Y pienso que todos tenemos nuestras cárceles particulares.
Y pienso que yo, por ejemplo, la inmensa libertad que me da no tener pareja es una cárcel.
Y que mi maravilloso trabajo que me gusta tanto aquí en mi casa también es una cárcel.
Para empezar el 2005 posteo esta extraña foto de mí en el psicodélico wáter de un bar, porque pienso que mear es siempre mejor que llorar, aunque es básicamente la misma cosa.
Viendo esta foto de las cosas que siempre tengo a mano en el cuarto de baño se puede saber muchas cosas de mí, entre ellas que estudio italiano sentada en el wáter.
Las cosas que me hacen llorar son la soledad venidera, las amistades que sé que no se pueden mantener, los viajes frustrados y ver que las relaciones de los demás casi nunca se rompen, sólo las mías. Me hacen llorar mis dudas navideñas. Me hace llorar el fin de año. Y me hacen llorar los recuerdos que me atracan y acuchillan en cualquier lugar, en cualquier momento. Los hospitales me dan asco, los supermercados indiferencia, la calle agilidad y mi cuarto de baño paz. Estoy saciada de sentarme en el sofá, me lo está diciendo mi pierna izquierda continuamente. Levántate y anda. Estoy rara, estoy sentimental, estoy mal, y sin embargo suelto las mismas carcajadas en cadena, son muchos años de costumbre. La alegría es un hábito. Me doy cuenta de que me va a hacer falta mucho tiempo para estar bien de nuevo, mucho. No dos meses, no cuatro meses. Ya hace tiempo pasó el momento ser fuerte por necesidad, hoy puedo llorar por todas las cosas si quiero y no pasa nada. A veces necesito no sonreir como necesito respirar. A veces estoy harta de sonreir. Hoy me repatea lo superficial. Seré superficial mañana. Y me gustará. No estoy mal. Esto va y viene. Irá y vendrá durante mucho tiempo, lo sé. Mejor aceptarlo. Enseñarlo, no esconderlo. Tengo el tic de enseñar cosas. Creo que eso es bueno.
Una cosa, ¿por qué los jabones transparentes de fresas y de moras y de frutos tropicales y que huelen la mar de bien duran una semana con suerte, y el jabón que tengo ahora que es color caca de perro y que huele fatal y que es como un bloque de excrementos prensados, lleva ya un mes y no parece que vaya a agotarse nunca?
Hola, estoy rara, que es lo normal estos días, tomando finalmente una birra en mi casa, y acabo de escribir esto en mi diario, lo voy a poner tal cual con sus significativas faltas de ortografía y su rareza y todo, porque es la verdad:
Estoy, simplemente, intentando hacer sentido de esto. De la soledad, de la cervecita, de la nacionalidad, del italiano, de mis preguntas y mis conversaciones con la gente, de mis amigos, del comer y beber, de la oscuridad, del quedar y no quedar, de porqué él me dejó, de porqué ya no me gusta el arte, de porqué no dejo de remilgos y me emborracho ya bien de una vez, del tiempo, del dormir, de la putísima siesta que me deja hecha un trapo, de porqué como tantos macarrones si no es para practicar mi italiano, de porché me habéis abandonado, de porqué un sueño te puede dejar de mal humor todo el día, de porqué odio los fines de semana y amo los lunes, de porqué soy diferente, de porqué soy diferente.
Ventajas de tener la gripe (porque no lo sabíais, pero tengo la gripe) (bueno, ya estoy mejor), eso, Ventajas de ser una optimista con gripe:
Mmmm, uuuh, no sé. A ver:
Que paso olímpicamente de trabajar, y eso siempre sienta bien.
Que he descubierto un superpotito para adultos, la tetrabrik de crema de no se cuántas verduras, o no sé cómo se llama, una asquerosidad verde que seguro que te hace vomitar un día normal pero que sabe a gloria cuando estás enfermo.
Que duermo nueve horas por la noche, en vez de cinco.
Que he perdido un buen kilito o dos con todo lo que he sudado y con todas las tostadas y patatas fritas y platos de pasta que no he comido. Ahora tengo el cuerpo perfecto y nadie me ve. Mejor que al revés, ¿no?
Que no he tenido que cumplir con ninguno de mis deberes.
Que he podido abrazar largamente y tiernamente a mi bolsa de agua caliente.
Que un amigo muuuuy antiguo ha encontrado mi blog y me ha mandado un mail y nos vamos a ver.
Y he estado muy bien de ánimo. No me he sentido sola, porque no he tenido ganas de ver a nadie. Ya no temo la soledad. Y ya no tengo ataques de odio, sino ataques de amor. Todo y todos me gusta.
Pero no veo la gracia en no haber podido ir a mi primera clase de italiano. Ni a la primera, ni a la segunda, que era hoy. Me hacía mucha ilu haberme apuntado a italiano, y tenía que empezar el martes y me da mucha pena y mucho coraje. Ahora cuando me una al grupo yo seré la nueva, y seré la que ha tenido la gripe, y nadie querrá sentarse a mi lado.
Bueno, no sé. No pasa nada. Paciencia. Tengo muchas ganas de empezar, y ahora empiezo el martes que viene. Ya os contaré.