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miércoles, 10 de septiembre de 2008

 
Albania (y 5): Saranda

Ya es hora de dejar la casucha de cemento en el peñón de Himara, ¡qué pena! (noooo), y antes de las 9 de la mañana ya están llamando a la puerta para ayudarme a bajar al centro con mi equipaje. Yo pensaba que el porte consistiría en el padre de la familia llevándonos en su coche por la supuesta carretera, pero no: el porte consiste en que la chica coja mi maleta y que baje saltando de roca en roca con ella, increible, bueno, llegamos abajo y me deja al lado de un quiosco al principio del pueblo, aquí para el autobús, dice, vendrá sobre las 10, ¿quieres que espere contigo? ¿no?, ¡¡adios!!

Mi instinto, mi experiencia, mi intuición y mi Guía Bradt, todos me dicen que el autobús no sale de aquí, sino del otro lado del pueblo donde he visto que hay una esplanada con autobuses y una parada de autobuses, cosa que no hay aquí, aunque los del quiosco me confirman que sí, mujer de poca fé, que sí. Me siento sobre un murito a esperar, me queda casi una hora, ¿a qué me recuerda esto? No quiero terminar cogiendo un taxi a Saranda, la otra vez fue genial pero una vez es suficiente, recorrer media Albania en taxi no fue mi plan con este viaje.

A eso de las diez menos cuarto, una chica se sienta a mi lado y empieza a hablarme ánimadamente, oh, lo siento, s'kuptoj, no me entero de nada. Pero habla inglés también y me pregunta si el autobús para aquí... pues... ¡buena pregunta! No lo sé. Posiblemente. Y resulta que lo que me estaba hablando no era albanés sino griego, y que es una chica griega que también está viajando sola por Albania.... ¡somos dos! Increible pero cierto. Empezamos a intercambiar anécdotas de inmediato y a esto veo por el rabillo del ojo un 'furgon' o microbús que está parando un poco más allá, con pinta de no habernos visto, hostias, ¡pone Saranda! ¡¡¡Corrrreeeee!!! Nos arrojamos detrás de él, ¿Saranda?, ¡sí! quedan justamente dos plazas... nos vamos........

Lo primero interesante que pasa en el viaje es que unos diez minutos después de salir, un niño que va sentado a mi lado con su familia echa el pato. Pues genial, lo que faltaba, pero pobrecito el niño, con lo mal que se pasa... Paramos en el bar más próximo, tipo venta de carretera, para que se asee un poco el pobre niño, y el pobre furgon, y el pobre todo, vamos, y paramos en el castillo de Alí Pashá.

¿El castillo de Alí Pashá? Entonces esto es Porto Palermo... me doy la vuelta y veo que el bar donde se están metiendo la gente cubierta de vómitos es... ¡el restaurante de Tony! Si Albania es un pañuelo... Le explico a la otra viajera solitaria que yo soy la amiga de Tony, desde que nos conocimos en el autobús en Vlorë. Aunque ahora mismo no me parece el mejor momento para irrumpir en el restaurante apelando a mi amistad con el dueño... para otra vez será. (O no).
.
El resto del viaje transcurre alegremente, a veces las carreteras son muy buenas, a veces son muy malas, y cuando son malas son malas de verdad, a veces parece que rodamos por una cantera,
... y luego me doy cuenta de es porque es una cantera,

el paisaje también esta vez es espectacular,

playas lejanas, y si miras las playas un poco más de cerca ves los grupos de búnkeres,

Albania es única, pero ¿qué es esto?, ¿ya llegamos?

pues sí, ¡ya se ve Saranda! Qué leve ha sido el viaje esta vez, poco más de hora y media. Nos bajamos todos del autobús, la otra viajera solitaria se larga inmediatamente (que por algo es una viajera solitaria), y ahora estoy en la "estación de autobuses" de Saranda:
uuh, qué feo, además por aquí pululan mochileros y turistas, es otro ambiente, en seguida me doy cuenta de que Saranda es diferente, lo que le salva es el bar de la estación de autobuses. Es auténtico, ¿no es una maravilla?:

Y ahora ¿qué? Pues buscar el hotel, el Hotel Andon Lapa. Yo creo que sé más o menos dónde está (jajajajaajaaajaa, ya), y adivina qué, ¡aquí también tardo una hora en encontrarlo! No me ayuda el hecho de que es la última casa del pueblo, en el quinto pino, al lado de una gigantesca escombrera y no pone la palabra "Hotel". Ni nada, para identificarlo. Pero es un hotel, mi hotel, hotel bueno, con fabulosas vistas al mar, y lo más importante, sin cabras.

Me enseñan mi habitación. Bueno, me dejan fuera de mi habitación y se van corriendo, más bien dicho. ¿Por qué será? O-o-o-h, porque en este hotel hay 36 habitaciones, de las cuales 30 tienen fabulosas vistas al mar y 6 tienen vistas a los socavones, excavaciones y cascoteras con demoliciones y montones de desperdicios por donde yo he venido, y adivina a dónde da la mía, qué detalle más feo han tenido conmigo, pienso, y bajo inmediatamente a quejarme. Pues mira, no lo pueden arreglar ahora (la costa en agosto, ya sabes) pero ¡mañana sí! así que con la sonrisa restaurada me dedico a pasatiempos más agradables que deambular por obras de construcción:

Úf, menos mal que hay piscinas y cervezas y comida y sol, porque si no le cogería manía a Saranda rápidamente....

si está todo lleno de agujeros.....

y ¡qué agujeros! Había algunos que me habrían llegado casi hasta los hombros, si me hubiera metido, pero no me quise meter, porque después ¿cómo iba a salir? Además algunos estaban todos llenos de... objetos... y no daban ganas de meterse,
y por la noche imagínate qué peligro, menos mal que iba armada de mi linterna,

Pero después del primer día entre cascotes y polvo de ladrillos, la mañana siguiente ¡me cambian de habitación!

Y ¡este es mi balcón! (Bueno, en realidad mi balcón es sólo la parte de la silla, bastante más pequeño, pero esa vallita de ná se salta fácilmente y puedes corretear por toda la primera planta del hotel si tienes cuidado con no caerte),

esto ya es otra cosa, qué gusto...........
.
El hotel tiene su "playa particular", así que voy a investigar, pues sí, tiene una pequeña playa particular, muy particular, hasta tiene su propio búnker,

... en un rincón abandonado, todo rodeado de desechos. Pero la playa sigue, y el agua está estupenda,

y hay todo tipo de baretos y chiringuitos si los necesitas, también hay todo tipo de rocas y piedras, que son evitables tirándose en las tumbonas de la piscina del hotel, cuando consigues una. Y siempre hay cosas pasando en la playa, siempre hay algo que ver,

pero creo que hay riesgo de aburrirme, Saranda no es Albania, no sé qué es, pero no es Albania exactamente. Demasiado internacional o algo. Me doy unos paseos nocturnos,
que no están mal, esto de la foto de abajo sí que es una costumbre albanesa: a la gente (sobre todo a la gente mayor) le gusta sentarse en la calle y tomar el fresco, lo hacen muchísimo, por todas partes, por parejas y grupos,

Pues eso, tres días en Saranda son demasiados días. Me paso buena parte de ellos intentando conseguir un billete para un barco a Corfú para salir de allí. El puerto es totalmente caótico, recibo hasta piropos ("You are very beautiful!!!") (cosa que no se estila en Albania) (o seré yo, jeje), recibo toda clase de información disparatada, pero no recibo ningún billete para el barco (aunque el bar del puerto es una alegría). Otro de mis pasatiempos en Saranda es intentar postear en el blog, pregunto todos los días en el cíber local, y en otros, pero nunca hay internet (el tercer día sí, lo conseguí), también intento ir a Gjirokastra pero se me amontonan las dificultades (35º de calor y no hay autobuses, problemillas de ná), para otra vez será, al menos lo intenté. Pasa el tiempo, me dedico a pensar, comer y escribir el diario pero estoy planeando mi escape, aquí estoy mirando las islas griegas y planeando mi escape:

Sí, ya es hora de irse. Me ha encantado Albania, pero en ese momento me quiero ir. Quiero volver, pero me quiero ir. Estoy (estaba) contando las horas ya.
.
Y me fui. A Corfú, a Bari (quizás cuente algo sobre ellos) y a Madrid, donde salí de copas con Pepe. Alucinando con estar de vuelta en España.
.
Llegué a Albania muy bien informada, eso sí, eso lo iba notando un poco todos los días. Había leído mucho (muchos blogs, sobre todo) y sabía muy bien qué me podía esperar. Y aún así, Albania te sorprende todos los días. Te sorprende con las muchas cosas buenas que tiene - la comida, la gente maravillosa, lo surrealista que es, esa mezcla de alegría, trabajo y pasotismo que siempre te hace sonreir, los bares, los miles de bares, la cerveza Tirana, los paisajes, y ese ambiente que tiene de ser el último reducto de Europa donde no van -y no irán en mucho tiempo - las hordas turísticas (con la excepción de Saranda, más accesible desde el exterior, muy cerca de Grecia, pero Saranda me recordaba el Algarve en los primeros ochenta, y eso no es bueno. Demasiado inglés patata y demasiada construcción.) Económicamente, Albania necesita turismo. Ya lo tendrá, aunque no será pronto. La auténtica Albania la tenemos para rato.
.
En Albania he sentido muchas cosas. Diversión, cabreo, alucine, cariño, un cariño muy grande, algo así como un amor, un amor al país y a sus personas, risas, frustración (no hay cortinas de ducha), un amor al idioma también, es fascinante, aprendía, aunque sé muy poquito... he sentido muchas cosas. Pero no me he sentido sola en ningún momento. Me encanta viajar sola. Es absolutamente necesario viajar sola. Sobre todo a sitios como Albania.

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